A toda madre

Como seguro ya se habrán dado cuenta, uno de mis más asombrosos talentos es llegar tarde para todo; citas, cumpleaños, hasta días feriados, nada está a salvo de la impuntualidad de Mishusina. Esto no significa que me haya olvidado por completo del renombrado Día de las Madres (el cual celebramos el 10 de mayo por estos lares), sin embargo aunque comencé hace algunos ayeres una entrada especial para dedicar a la mujer más importante de nuestras vidas, por ciertas cuestiones que incluyen la falta de internet, problemas de salud y bastante desidia no conseguí terminarla hasta ahora.

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Rosa de Japón

No sé si a la mayoría le pase, pero para mí el tema de la guerra suele ser bastante escabroso y despierta mi vena sensible. Supongo que puedo tolerarla más cuando se trata de ficción, pero cualquier historia basada en una guerra de la vida real tiende a dejarme despierta por las noches por lo mucho que me hace reflexionar, en especial cuando se trata de la SGM. Libros como Los hornos de Hitler o mangas del tipo de Hadashi no Gen, si bien me parecen lecturas imprescindibles, no me atrevería a aventurarme con ellas una segunda vez por lo afectada que me dejaron.

Por lo mismo, estuve bastante renuente a leerme Rosa de Japón a pesar de las constantes insistencias de mi hermana, quien lo consideró uno de los pocos que han conseguido provocarle un nudo en la garganta  (y ella tiene corazón de piedra); de modo que, aunque no me gusta sufrir, terminé por hacer un trato: ella se leería una recomendación mía y yo una suya.

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Partner

Me va a dar un infarto… pero de los buenos. Estas últimas semanas he estado a dos pasos de volverme loca por aquello de que decidí renunciar a mi trabajo para dedicarme por completo a terminar la condenada tesis (y estoy segura de que lo lamentaré dentro de poco), pero como me dio remordimiento abandonar un proyecto a medias pensé que sería mejor terminarlo antes de marcharme. Lo malo es que, al saber que me quedaría un poco más de lo planeado, mis jefes han decidido explotarme aprovecharme al máximo antes de mi último día y el trabajo me ha robado tanto tiempo que no me di cuenta de que ¡Hay un centenar de conejos en la madriguera! 

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De vez en cuando, aquí y allá

Me lleva… parece que lo único que hago últimamente es disculparme por la ausencia, pero digamos que mi año nuevo inició con el pie equivocado y apenas se está enderezando; y aunque podría comenzar explicando las mil y una razones por las que no he podido pasarme por aquí (en especial me pegó bastante el fallecimiento de mi querida amiga y compañera de aventuras: mi laptop) todos sabemos que en realidad eso a nadie le importa. No obstante, sí que quisiera deshacerme en disculpas again y de nuevo agradecer a todos los que aún guardan en la memoria este pobre y olvidado espacio.

Pero bueno, dejemos las disculpas de lado y movámonos a lo bueno, y cuando digo bueno me refiero a algo verdaderamente bueno. Es más, si tuviera que hacer una lista de los diez mejores animes infravalorados, el que les presento hoy definitivamente se alzaría con el primer puesto.

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There she is!!

¡Primera entrada del año! Tengo que reconocer que admiro a todos aquellos que se han dado tiempo de colgar una entrada en estas fechas; a mí el final de las vacaciones me sentó fatal y me dejó sin ánimos de ver o leer nada (no, la verdad es que fue pura flojera), pero bueno, aunque no soy muy buena cumpliendo propósitos me esforzaré para ser un poco más constante en este espacio, y aunque parezca ya un disco rayado quiero agradecer una vez más a todos los que se dan un tiempo para visitar la madriguera.

En fin, pasemos a lo importante (?). Resulta que hace poco uno de mis amigos utilizó una expresión de lo más peculiar cuando le dije que me sería imposible asistir a su fiesta de cumpleaños: “Me la voy a pasar como Doki esperando a Nabi”, y al ver que yo no tenía ni la más remota idea de lo que me estaba hablando, se escandalizó. De verdad se escandalizó. “¡¿Cómo puede ser que no conozcas a Doki y Nabi?!”. Acto seguido sacó su teléfono y se apresuró a enviarme un enlace de youtube para que dejara de vivir en la ignorancia.

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Abuelito, dime tú…

Soy una rebelde. Mientras todo el mundo está hipnotizado por el hype de Digimon Tri, yo les traigo una entrada sobre la adorablemente cursi niña de los Alpes.

Pff ¿A quién quiero engañar? En realidad estoy muerta de envidia por todos los que ya tuvieron la fortuna de ver de nuevo a Tai y Agumon, pero desafortunadamente mi hermana se encuentra en entregas finales y últimamente tiene su lado ñoño responsable tan a flor de piel que no se puede permitir distracciones (¿Cómo se atreve a llamar a Digimon una simple “distracción”?). El problema es que ver Digimon sin ella supondría un acto de alta traición de mi parte, de modo que solo me queda huir despavorida de todo aquello que pueda contener el más mínimo spoiler hasta entonces. Pero mientras llega el momento ¿Qué tal un poco de nostalgia más clásica?

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¿Más shōjo sin romance?

En alguna entrada pasada me parece que comenté que mis huesos eran de chicle y que nunca me había roto uno, pero aunque aún permanezco invicta en cuanto a fracturas óseas, las articulaciones y ligamentos entran en otro apartado. La semana pasada, mientras hacía prácticamente nada, me lastimé un ligamento de la rodilla y, bueno, para alguien que no había sufrido una lesión grave en toda su vida, pasar una semana completa evitando moverme resultó ser bastante duro (Por cierto, gracias a Khalil y a Streiker por sus buenas vibras).

Claro que, viendo el lado bueno, eso me dejó con un montón de tiempo libre que por supuesto aproveché para reducir un poquito la lista de lecturas pendientes y terminé con mucho material para una nueva entrada de la sección (ah, sí, ahora será una sección) de Shōjo sin romance, cuya primera parte pueden encontrar aquí. 

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