Rosa de Japón

No sé si a la mayoría le pase, pero para mí el tema de la guerra suele ser bastante escabroso y despierta mi vena sensible. Supongo que puedo tolerarla más cuando se trata de ficción, pero cualquier historia basada en una guerra de la vida real tiende a dejarme despierta por las noches por lo mucho que me hace reflexionar, en especial cuando se trata de la SGM. Libros como Los hornos de Hitler o mangas del tipo de Hadashi no Gen, si bien me parecen lecturas imprescindibles, no me atrevería a aventurarme con ellas una segunda vez por lo afectada que me dejaron.

Por lo mismo, estuve bastante renuente a leerme Rosa de Japón a pesar de las constantes insistencias de mi hermana, quien lo consideró uno de los pocos que han conseguido provocarle un nudo en la garganta  (y ella tiene corazón de piedra); de modo que, aunque no me gusta sufrir, terminé por hacer un trato: ella se leería una recomendación mía y yo una suya.

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Abuelito, dime tú…

Soy una rebelde. Mientras todo el mundo está hipnotizado por el hype de Digimon Tri, yo les traigo una entrada sobre la adorablemente cursi niña de los Alpes.

Pff ¿A quién quiero engañar? En realidad estoy muerta de envidia por todos los que ya tuvieron la fortuna de ver de nuevo a Tai y Agumon, pero desafortunadamente mi hermana se encuentra en entregas finales y últimamente tiene su lado ñoño responsable tan a flor de piel que no se puede permitir distracciones (¿Cómo se atreve a llamar a Digimon una simple “distracción”?). El problema es que ver Digimon sin ella supondría un acto de alta traición de mi parte, de modo que solo me queda huir despavorida de todo aquello que pueda contener el más mínimo spoiler hasta entonces. Pero mientras llega el momento ¿Qué tal un poco de nostalgia más clásica?

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