A toda madre

Como seguro ya se habrán dado cuenta, uno de mis más asombrosos talentos es llegar tarde para todo; citas, cumpleaños, hasta días feriados, nada está a salvo de la impuntualidad de Mishusina. Esto no significa que me haya olvidado por completo del renombrado Día de las Madres (el cual celebramos el 10 de mayo por estos lares), sin embargo aunque comencé hace algunos ayeres una entrada especial para dedicar a la mujer más importante de nuestras vidas, por ciertas cuestiones que incluyen la falta de internet, problemas de salud y bastante desidia no conseguí terminarla hasta ahora.

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Me va a dar un infarto… pero de los buenos. Estas últimas semanas he estado a dos pasos de volverme loca por aquello de que decidí renunciar a mi trabajo para dedicarme por completo a terminar la condenada tesis (y estoy segura de que lo lamentaré dentro de poco), pero como me dio remordimiento abandonar un proyecto a medias pensé que sería mejor terminarlo antes de marcharme. Lo malo es que, al saber que me quedaría un poco más de lo planeado, mis jefes han decidido explotarme aprovecharme al máximo antes de mi último día y el trabajo me ha robado tanto tiempo que no me di cuenta de que ¡Hay un centenar de conejos en la madriguera! 

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De vez en cuando, aquí y allá

Me lleva… parece que lo único que hago últimamente es disculparme por la ausencia, pero digamos que mi año nuevo inició con el pie equivocado y apenas se está enderezando; y aunque podría comenzar explicando las mil y una razones por las que no he podido pasarme por aquí (en especial me pegó bastante el fallecimiento de mi querida amiga y compañera de aventuras: mi laptop) todos sabemos que en realidad eso a nadie le importa. No obstante, sí que quisiera deshacerme en disculpas again y de nuevo agradecer a todos los que aún guardan en la memoria este pobre y olvidado espacio.

Pero bueno, dejemos las disculpas de lado y movámonos a lo bueno, y cuando digo bueno me refiero a algo verdaderamente bueno. Es más, si tuviera que hacer una lista de los diez mejores animes infravalorados, el que les presento hoy definitivamente se alzaría con el primer puesto.

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There she is!!

¡Primera entrada del año! Tengo que reconocer que admiro a todos aquellos que se han dado tiempo de colgar una entrada en estas fechas; a mí el final de las vacaciones me sentó fatal y me dejó sin ánimos de ver o leer nada (no, la verdad es que fue pura flojera), pero bueno, aunque no soy muy buena cumpliendo propósitos me esforzaré para ser un poco más constante en este espacio, y aunque parezca ya un disco rayado quiero agradecer una vez más a todos los que se dan un tiempo para visitar la madriguera.

En fin, pasemos a lo importante (?). Resulta que hace poco uno de mis amigos utilizó una expresión de lo más peculiar cuando le dije que me sería imposible asistir a su fiesta de cumpleaños: “Me la voy a pasar como Doki esperando a Nabi”, y al ver que yo no tenía ni la más remota idea de lo que me estaba hablando, se escandalizó. De verdad se escandalizó. “¡¿Cómo puede ser que no conozcas a Doki y Nabi?!”. Acto seguido sacó su teléfono y se apresuró a enviarme un enlace de youtube para que dejara de vivir en la ignorancia.

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¿Más shōjo sin romance?

En alguna entrada pasada me parece que comenté que mis huesos eran de chicle y que nunca me había roto uno, pero aunque aún permanezco invicta en cuanto a fracturas óseas, las articulaciones y ligamentos entran en otro apartado. La semana pasada, mientras hacía prácticamente nada, me lastimé un ligamento de la rodilla y, bueno, para alguien que no había sufrido una lesión grave en toda su vida, pasar una semana completa evitando moverme resultó ser bastante duro (Por cierto, gracias a Khalil y a Streiker por sus buenas vibras).

Claro que, viendo el lado bueno, eso me dejó con un montón de tiempo libre que por supuesto aproveché para reducir un poquito la lista de lecturas pendientes y terminé con mucho material para una nueva entrada de la sección (ah, sí, ahora será una sección) de Shōjo sin romance, cuya primera parte pueden encontrar aquí. 

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Let Dai

Si bien no suelo ser una asidua consumidora del yaoi, luego de vivir tantos años con una hermana hard fujoshi es prácticamente imposible no caer en las afiladas garras del boys love, ese género que la ciencia aún no puede explicar el por qué a las chicas nos gusta tanto. No obstante, admito que me ha costado bastante encontrar alguna obra dentro de este género que no sea un mero calco de las demás; pues al igual que cualquier otro género, el yaoi ya cuenta con sus propios y muy marcados estereotipos, de modo que si estos no están bien llevados uno se aburre de ver siempre lo mismo.

Pero entonces apareció Let Dai y el muy condenado se las arregló para destronar al que yo consideraba mi manga BL consentido.

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¿Shōjo sin romance?

Vaya, ahora sí que me he tardado en publicar algo, pero no se puede hacer mucho cuando se tiene un par de jefes sádicos de esos que piensan que dormir es más un pasatiempo que una necesidad y que apenas dejan algo de tiempo libre para respirar, así que en cuanto tuve un “día libre” (los sádicos de antes llaman día libre a media jornada de trabajo) lo que menos me apetecía era estar frente a una computadora.

Pero bueno, tampoco es que mi ausencia se haya notado mucho, por lo que hoy les dejo unas cuantas recomendaciones de manga shōjo que se alejan un poquitín de lo que se suele encontrar en este género (ya sé que no es propiamente un género, pero a falta de una palabra mejor…)

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